f608x342-143618_173341_15

La euforia irreflexiva

Son nuevos tiempos políticos en Chile, que duda cabe. No solo ha asumido un nuevo gobierno, sino también una nueva generación, fruto de un nuevo marco cultural que año a año va dejando atrás los antiguos valores del orden, la estructura y las formas, para buscar refundar un nuevo orden social fuertemente asentado en las emociones del momento y las ideas hipérbolas aún no asentadas.

Claramente, hemos de querer lo mejor para este nuevo ciclo y las personas responsables de conducirlo. Querer lo contrario sería desear el propio mal. Sin embargo, tal cual siempre ha sido, lo que ocurra no depende únicamente de las nuevas autoridades, sino de cada persona que forma parte del tejido (o destejido) social existente.

La construcción de nuevas instancias de encuentro, diálogo y acuerdo ha sido algo que se percibe perdido dentro de este nuevo ciclo. Pareciera ser, que cual adolescente que se revela de sus padres, considerando que éstos nada saben, nada aportan y nada de ellos debe ser adoptado para el propio futuro, de la misma forma, esta nueva atmósfera pareciera que se niega a mirar, sopesar y dejar lo bueno de lo antiguo para así construir mirando al futuro. Por el contrario, parece que el futuro deseado es una copia de un pasado lejano, profundamente idealizado y dibujado en blancos y negros que no le hacen honor a la verdad de los hechos.

En psicología social ha sido ampliamente abordado el tema de los fenómenos de masa, como las emociones se contagian y los estados se vuelven cada vez más inconscientes e irreflexivos, y pareciera ser este un claro caso de aquello, en una idealización y euforias irreflexivas que pueden terminar como el más idílico sueño que termina con la alarma del despertador, de un momento a otro, sin previo aviso y de una forma incómoda.

¿Tiene algo de malo estar en este estado? Tal vez en sí mismo no. Más que mal nos da la sensación de que algo bueno está ocurriendo y algo mejor aún se vendrá. El principal punto, que a mi juicio, pareciera ser peligroso, es la pérdida de capacidad reflexiva para tomar decisiones que puedan ser necesarias hoy (no siempre cómodas) con el objetivo de lograr algo que se entiende mejor el día de mañana. Y así como las nuevas élites están rebosantes de utopía, y los medios de comunicación buscan estar “en sintonía” con la moda masiva del momento, las personas se han contagiado, pues de la misma forma, la irreflexión de las masas permea un peligroso espejismo a sus autoridades, que nos pudiera dejar a todos peor que antes de este sueño.

Anhelas lo bueno, reconociendo lo concreto y los alcances reales, es un principio básico para dar continuidad a un proyecto mayor, a algo que pretende durar más que la mera fiesta de una noche. Pero parece que todos quieren emborrarse hoy sin importar lo que pase mañana.

Hemos de esperar que el despertar no sea de golpe, que el sueño no se torno rápidamente en pesadilla, y que la razón golpeada por el deseo de creer en la ilusión se pueda reponer rápidamente y no quede abatida en la lona del ring social.

Ya veremos cómo sigue este proceso, que esperemos sea mejor de lo que parece desde lejos.

E3zZbwSXwAMg6GX

El miedo cambió de bando…

Este año en Chile hemos tenido más elecciones de las que por lo general estamos acostumbrados en cualquier país. Los procesos de cambio se han tomado la agenda, no solo nacional, sino que de gran parte del mundo. 

Personalmente, creo que se hace evidente el deseo pujante de las personas de poder construir un proyecto de vida que haga más sentido desde lo individual y hacia lo colectivo, donde sintamos que podemos desarrollarnos y tener una vida con más oportunidades. ¿Cuál es el camino para lograrlo? creo que es la gran cuestión que entra en tensión cada vez que asomamos la mirada hacia quienes hoy participan activamente del mundo político en todo su abanico de colores y tendencias. 

Una de las cosas que me llamó la atención fue lo señalado por la candidata a Gobernadora de la Región Metropolitana, Karina Oliva y lo señalado también por la diputada Maite Orsini al decir que “el miedo cambió de bando”. Al ver estas declaraciones varias cosas surgieron en mi mente y que quisiera compartir en este breve post. 

Lo primero que pensé es que “hay bandos”. Claro que en la vida en sociedad tenemos diferentes miradas, creencias, formas de vida, etc, ¿nuestras diferencias nos hacen pertenecer a bandos? de ser así entonces la mirada de fragmentación e incluso contraposición dentro de quienes vivimos en un mismo contexto geográfico y normativo se vuelve un campo de divisiones en vez de lograr extraer el valor de la diversidad de miradas, talentos y posiciones. 

Lo segundo que me surgió es la idea del miedo, ya que de esta declaración se extrae que antes un grupo tenía miedo y que ahora es el otro “bando” quien lo posee y se señala como algo positivo, como si el miedo del otro fuera el progreso de uno. Imaginemos una sociedad que se construye sobre la idea de que somos una multiplicidad de bandos y que, como quien juega a la silla musical, el triunfo personal se sustenta en la derrota del prójimo y aún peor en el miedo que el otro pueda tener. 

Una sociedad donde la idea es traspasar temor a quienes son diferentes a uno es una sociedad de la tiranía, la dictadura emocional y el yugo psicológico. ¿Realmente esto es lo que queremos o andamos buscando para resolver las problemáticas de una sociedad?

No solo me pareció grave y humanamente pobre esta expresión, quizás fruto de un descuido o tal vez de una honestidad indiscreta, sino que sobre todo me pareció preocupante que casi la mitad de las personas que fueron a votar (con muy baja participación) apoyan a quienes las enuncian con total desparpajo. ¿Realmente queremos construir una sociedad donde el tema sea depositar los temores personales en la transferencia de estos miedos a otras personas? personalmente no es lo que anhelo ni para mi ni para mi familia, por el contrario, un lugar donde podamos sentirnos seguros, confiados del futuro, entusiasmados del presente, que podamos salir a la calle sin miedo, dar una opinión sin temor, participar de los espacios privados e íntimos, así como de la vida pública sin miedo al otro ser humano, sino que en la profunda confianza que siendo diferentes y maravillosamente diversos, tendremos la generosidad y altura de construir un hogar donde todos podamos despojarnos del miedo y construir bienestar. 

pexels-sebastiaan-stam-1097456

Después del toque ¿qué queda?

No cabe duda que estos últimos días han sido difíciles, inciertos y agitados para los chilenos. No solo es un tema de seguridad, no solo un asunto de necesidades sociales insatisfechas o de malestares largamente contenidos por abusos que acorralan la vida de millones de personas y sus familiares; creo que esto es algo más que eso.
 
Chile hace algunos años era referente internacional por haber logrado una transición de la dictadura a la democracia de forma ejemplar, también por ser capaz de reducir la pobreza como ningún país y lograr en década de los noventa un crecimiento como muy pocas economías del mundo. Venían de todas partes a estudiar lo que hacíamos, incluso varios se animaron a copiar algunas ideas. ¿Era todo eso mentira? no, los datos están a la vista, y el desarrollo de la nación y las familias que vivimos en ella lo fuimos experimentando en las últimas décadas.
 
Sin embargo, el tema está en a qué precio se generó ese proceso de crecimiento. Chile adoptó un modelo de mercado e individual, el que fue tomando los diferentes espacios de la vida social. Esto no solo hizo que nos convirtiéramos en un país en que hay que pagar por absolutamente todo, y donde lo privado supera a lo público en áreas en que el Estado debiera ser el principal garante como la salud, los medicamentos, la educación o el transporte.
 
En un modelo individual, esto se plasmó en la cultura, en la interacción social, y perdimos identidad, ya no somos del barrio, ni de la iglesia, ni del partido político o del club deportivo, ahora somos aquello que podamos tener y mostrar; si aquello que queremos no lo podemos alcanzar materialmente, no importa porque el acceso al endeudamiento se convirtió en el camino para la movilidad social, con intereses usureros y sistemas que ahogan a las familias, pero que les permiten ese sueño de superación que les fue ofrecido, y que cada uno compró libremente, de forma consciente o no (algo de responsabilidad compartida hay acá creo yo).
 
Así, en este contexto hay muchas cosas que dan rabia. El pasaje del transporte, sobre todo para las familias que ganan el sueldo mínimo, con servicios de mala calidad en su mayoría (la excepción fue en su momento el metro), donde uno veía asaltos diariamente, situaciones de hacinamiento en el traslado, largos tiempos de movilización, etc. En el caso que la persona hizo un esfuerzo comprar un automóvil (con un impuesto enorme en un país donde la mayoría de quienes tienen uno hacen un gran esfuerzo para comprarlo), luego nos encontramos que cerca de la mitad del precio del combustible es impuesto y debemos pagar por el uso de calles, pero también por las autopistas que se han tomado la ciudad, ofreciendo cada vez menos opciones para algunos trayectos, encareciendo una y otra vez el costo de la vida de las personas y sus grupos familiares. Esto se repite en educación, salud, medicamentos, alimentación, etc, etc, etc.
 
Personalmente, hasta ahí hay malestar, pero cuando uno ve que todos esos impuestos y abusos terminan en casos de robo de fondos públicos, abusos y malos usos de los recursos fiscales, colusión de las empresas que nos venden productos de necesidad básica, o “arregladas de bigotes” para el sobre endeudamiento o cobro excesivo de comisiones por cosas que en muchos países valen cero pesos, todo eso va caldeando, porque que te roben una vez molesta, que lo hagan dos enerva, que ocurra todos los días ya emputece, pero que además te digan en tu cara que no es nada, que está bien, que así son las cosas, que te tienes que levantar más temprano o trabajar más duro, ya es una burla. No hay nada más violento que negar las necesidades emocionales de otra persona, y eso hemos vivido durante años. Pero ojo, no entre las autoridades y la ciudadanía o desde los empresarios a los trabajadores, sino que los unos con los otros en el día a día. Acá no creo que existan los buenos y los malos, todos hemos contribuido por acción y omisión a una situación que ya no se aguanta.
 
Personalmente rechazo enérgicamente los métodos violentos de manifestación. Muchos dicen que es más violento lo que se ha hecho en nuestro país con sus ciudadanos. Incluso pudiendo estar de acuerdo en algunos de esos puntos, no creo que la violencia sea el mecanismo para responder. Debemos encontrar una forma social-institucional que permita canalizar esto y convertir el caos en oportunidad. Después del toque de queda no puede ser que no nos quede nada, ni una reflexión, ni un aprendizaje, ni una decisión.
 
Personalmente no me asusta tanto el vandalismo y la violencia, porque la mayoría de quienes lo cometen y lo promueven son los más cobardes, son los primeros en salir corriendo cuando llega la policía o en pedir que los traten con algodones cuando se van detenidos, no se paren en nada a los luchadores sociales de verdad de la historia de Chile y del mundo, los que estaban haciendo lo necesario donde las papas queman, ya no quedan Gladys Marín ni Clotario Blest, gente dispuesta a morir con las botas puestas por lo que les parece justo (pudiendo uno estar de acuerdo o no).
 
Lo que realmente me preocupa es la autoridad, un gobierno silente, que a ratos parece que gobiernas con tutoriales de youtube, que improvisan y no comprenden, que dicen escuchar algo que desconocen, que dicen lamentar lo que realmente nunca han sentido. Me preocupa la lentitud, la falta de liderazgo, la poca claridad. Si el Presidente tuviera lo que se necesita sabría que después de “toque” lo que queda es la oportunidad de avanzar como ningún otro gobierno lo hizo en las últimas décadas, que hoy nadie tiene apoyo para negarse a lo realmente necesario. Hoy el caos, el malestar y las protestas (muchas de ellas en paz y con sincero deseo de que las cosas mejoren) son el apoyo que ni este ni el Presidente anterior lograron tener en las urnas, es la agenda y la propuesta de gobierno que realmente puede hacer la diferencia y sintonizar, porque no se hizo en el barrio alto ni en un hotel en que la noche cuesta más de un sueldo mínimo, sino que vienen del dolor y la indolencia de necesidades que requieren ser atendidas, aquellas de verdad, no la de los oportunistas de siempre, sino los que afecta a la vecina, a la familia de la nana, a la profesora que no quiere destruir nada, solo quiere vivir mejor y más tranquila.
 
Hoy la oportunidad es enorme, hasta ahora no he visto un liderazgo que permita canalizar esto. Piñera no lo ha sido, tengo dudas que lo sea, pero espero que se convierta en el líder que no es, porque el país lo requiere y el contexto lo amerita, para que después de tanto toque nos quede un mañana que nos aliente los sueños y despierte el deseo de tener esperanzas renovadas.
pexels-daria-shevtsova-1560932

Calidad del trabajo en Chile según la OCDE

Isaías Sharon es entrevistado por radio La Clave para conversar sobre el informe de la OCDE donde se señala que Chile es uno de los países que más trabaja y uno de los que menos gana por hora.