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Olvidémonos de los Unicornios

Hace ya algunos años que hemos venido viendo esta pulsión fetiche de hablar de los “unicornios” en el mundo de los startups (empresas con base tecnológica y capacidad de crecimiento acelerado).

A ratos pareciera ser que la meta de muchos colegas del mundo de los negocios y el emprendimiento y construir una empresa valorizada en más de mil millones de dólares, para poder entrar al grupo de estos animales raros y tan especiales.

No parece malo, en lo absoluto. Solo creo que debiéramos poner más atención a aquellas empresas que aportan el 70% del empleo mundial y explican entre el 50% y el 60% del PIB global, y me refiero a las PYMES.

Los unicornios son, para mí, una clara muestra de la cultura del exitismo americano. Crecer rápido, hacerse rico joven y crear algo que sea enorme. Eso lograron varias de las plataformas más famosas, y hoy vemos a algunas de ellas desfilando por tribunales por el daño en la salud mental que han provocado con el objetivo de crecer rápido y hacer más dinero.

Entonces, ¿el objetivo es que te salga un cuerno en la cabeza?

Personalmente, creo que el verdadero objetivo es ser capaces de aportar a un mundo mejor, pero no mejor para las redes sociales y recibir más visibilidad personal, sino que mejor de maneras muy concretas.

En la esquina de mi casa hay un negocio atendido por Inma y Pepe, un matrimonio español que con esfuerzo han mantenido por un par de décadas ya un negocio. De esas tiendas que no salen en los periódicos, sino que los venden a sus vecinos del barrio.

Con ese negocio que no escala, que no factura millones y no pretende revolucionar el mundo, han mantenido a su familia, dado educación a sus hijos, aportado al fisco cada mes y contribuido a su comunidad por más años de los que han vivido muchos de los “founders” que hay en las incubadoras del mundo.

Son estos tipos de negocio los que necesitamos darle más atención, visibilidad y ayudas. Porque contribuyen a la economía real.

Estos empresarios del mundo real no ven como un triunfo hipotecarlo todo en una ronda de levantamiento que se celebra como si se hubiera ganado un premio al mérito, sino por el contrario, aunque no hablan del “runway” pero tienen muy claras las prioridades para seguir adelante un año y otro más.

¿Quiero decir con esto que hay que cortar el pan y el agua a los startups y su cultura? ¡Claro que no! estas empresas juegan un rol también en todo el ecosistema económico y algunas de ellas están construyendo un futuro inimaginado.

Sol digo que, si el 70% del empleo mundial y casi el 60% del PIB lo hacen gente como Inma y Pepe en su kiosko de barrio, tal vez tengamos que darles los soportes y alicientes para que les vaya estupendamente y surjan muchos más que como ellos mueven el día a día de los países con los pies en el suelo y la frente en alto.

Conversemos

Valencia, España

isharon@innzpira.com

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