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Las nuevas competencias profesionales

A esta altura de la transformación cultural, social, tecnológica y económica que estamos viviendo a nivel global, para nadie debiera ser un misterio saber que la educación necesita adaptarse como nunca en su historia. Esta adaptación no consiste únicamente en la incorporación de nuevos contenidos curriculares o tecnologías de enseñanza-aprendizaje, sino que esencialmente de un cambio de foco, para promover que los estudiantes desarrollen competencias que realmente impacten en el entorno en que el que se deben desenvolver.

A las competencias de trabajo en equipo, visión estratégica y adaptación al cambio, que vienen hace años en los deseos declarados (pero no siempre en la realidad aplicada), se suman aprender a aprender y aprender a ser, dentro de los ejes claves de una educación que promueve el autoconocimiento, la integralidad humana y un quehacer que va más allá de lo productivo y eficiente, sino que incorpora los ejes de bienestar integral como parte de lo requerido.

Ya nadie quiere (o no debería buscar) personas que matan y mueren por el trabajo, sino que personas que aman su trabajo y se cuidan de forma sostenible. Así también ocurre con el liderazgo, dejando atrás esos líderes carismáticos y avanzando a facilitadores del aprendizaje colectivo.

Son varias las transformaciones que nos invitan a volver a mirar nuestras propias competencias y aquellas que deben ser desarrolladas por un sistema educativo y social que pretende lograr un mundo más sostenible y feliz, en un contexto de cambio e incertidumbre amplia y sin final.

Aprender a cambiar constantemente es convertirse, de cierta manera, en un aprendiz experto, alguien que está permanentemente incorporando nuevos conocimientos, y que logra ir más allá al plasmar ese aprendizaje en comportamientos y hábitos que transforman su vida y su entorno.

Ya sabemos, profusamente, que el conocimiento no cambia nuestra forma de ser y de hacer, sino que nos brinda nuevos contenidos que alojan en la dimensión de la cognición. No obstante, al no aplicar estos conocimientos y llevarlos de forma cotidiana a nuestra vida, se vuelve inerte y pierde su potencial de fabricar el cambio en las personas. Es por eso que las nuevas competencias deben estar en el mundo de lo aplicado, desde la inteligencia emocional usada al servicio cotidiano de nuestra gestión personal, pasando por el liderazgo, la comunicación y la gestión de la incertidumbre, que más allá de conceptos tienen sus aplicaciones cotidianas.

Revisar nuestras propias competencias e invitar a mejorar en cada una de las brechas de oportunidad que podemos encontrar, es un ejercicio necesario. Nosotros en HPI International, estamos ayudando a empresas y universidades a poder conocer sus niveles de competencias y prepararse con las habilidades que se requieren en la actualidad y que serán vitales para el futuro de las personas, equipos y organizaciones.

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