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¿Contratas gente inteligente? ¿estás seguro?

Francis Galton fue uno de los pioneros en el estudio de la inteligencia desde la psicología de inicios del siglo pasado, sin embargo, este tema ha sido una obsesión para muchos pensadores e investigadores, tanto antes como después de Galton.

Nuestra cultura valora ciertas cualidades de inteligencia y en esa búsqueda nos hemos llenado de diplomas en las paredes de la gente (o en LinkedIn), buscando acreditar conocimientos, habilidades y con ello mostrar que sabemos, podemos o somos más que otros (dependerá de cada uno).

Cuando miramos las empresas, ningún área de recursos humanos se jactaría de decir que ha contratado a personas poco inteligentes, por el contrario, se buscan diferentes mecanismos para validar que se ha tomado una decisión “correcta” y que se cuenta con las mejores personas posibles, aunque sabemos que dentro de todas las organizaciones hay personas que uno se pregunta ¿en qué momento alguien lo contrató?

Existen una serie de pruebas psicométricas que apuntan a temas como la Inteligencia Emocional, o el coeficiente intelectual, por mencionar dos de las más utilizadas las últimas décadas.

Sin embargo, estas cualidades humanas son siempre un potencial. Es decir, algo que podemos tener o no, que nos puede ayudar para enfrentar ciertos desafíos, pero que el tenerlo no significa que lo seamos, es decir, alguien puede tener mayor habilidad o inteligencia emocional, pero no es que “sea” inteligencia, sino que “tiene” cierto potencial.

¿Por qué es importante esta distinción?

¡Muy fácil! y acá te lo cuento.

Tú tienes el potencial de viajar por el mundo, pero probablemente no lo has hecho aún. Tienes el potencial de ser multimillonario, pero es posible que no lo seas, y así podríamos hacer una larga lista.

El potencial es vacío si o viene de la mano con una ejecución ejemplar y sostenida.

Por eso hay personas muy “inteligentes” que hacen “estupideces” y personas “necias” que crean cosas “brillantes”.

Es decir, la inteligencia es un hacer y no un tener o un saber. Es un aplicar una manera de pensar, una manera de gestionarse, una manera de decidir, una forma de trabajar, etc.

Así que podemos estar siendo inteligentes en cada instante, dependiendo de lo que hagamos con nuestras capacidades y potencialidades. En la medida que podamos tomar dicho potencial y aplicarlo de forma constante, mejorando en nuestros procesos internos (personales) y logrando resultados que den cuenta de ellos en la vida cotidiana, sabremos si estamos siendo inteligentes o simplemente hemos acumulado pergaminos y datos sueltos que nos hacen parecer más a una enciclopedia de las que ya no existen, que a gente como DaVinci que hizo, y mucho, en diversos campos de su saber y descubrir.

Es mi deseo que estés siendo cada día más inteligente en tú quehacer diario, y que podamos todos soltar un poco el ego de “saber”, para descubrir hasta dónde nuestro potencial puede convertirse en contribución para nuestra vida y la de nuestro entorno.

Conversemos

Valencia, España

isharon@innzpira.com

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