20 Sep

No basta con el certificado, necesitamos competencias

En trabajo como coach en diferentes países de la región, y como entrenador de varios cientos de coaches a nivel continental, me encuentro con una situación que se vuelve a ratos compleja y profundamente delicada.

Lo primero que hay que decir es que coaching es una manera de acompañar a las personas a alinearse internamente para lograr las metas que tienen en mente. Al ser una metodología de facilitación que trabaja con los elementos internos de los seres humanos se vuelve un trabajo sumamente delicado, donde uno tiene acceso a los temores, pasiones, anhelos y sueños de las personas a las que tenemos la posibilidad de acompañar sesión a sesión. Esto tiene una enorme responsabilidad.

Entendiendo lo delicado que se vuelve entonces la realización de este trabajo con personas, entonces se hace fundamental que quienes hagan coaching realmente sepan lo que hacen y no se convierta en cualquier cosa, o en las justificaciones de “hacer coaching a mi manera” “transmitir mi experiencia de vida” o cosas similares que desvirtúan lo que realmente es coaching, y ponen en una posición vulnerable al propio coachee o cliente.

Entonces, dentro de este contexto hay algo que es positivo, y es que cada vez hay más programas de formación en coaching y más personas que se animan a aprender esta manera de ver las cosas y relacionarnos para lograr objetivos. Sin embargo, como suele ocurrir, no todos los programas de formación son de la misma calidad, y uno encuentra formaciones de varios meses o incluso que superan el año, donde las personas realmente no son capaces de llevar adelante una conversación de coaching realizada con método y técnicas pertinentes.

Pero más allá de si el programa es corto o es largo, si el egresado es malo, regular o bueno, es fundamental comprender que el certificado (sea de donde sea) no hace al coach, ni lo convierte inmediatamente en un experto, ni mucho menos viene con algún poder sobrenatural que hace que ahora el coach todo lo comprenda, y haya logrado ver “la matrix” de las cosas, para mostrar el sendero a los demás (cosa que no es coaching). Todo lo contrario, al coach lo hace su trabajo en la realización de las sesiones, el coach se forja en la conciencia de que no sabe y que no tiene forma de saber, y que por lo tanto es un privilegiado de poder acompañar humildemente el proceso de otro ser humano.

El coach profesional es competente en su quehacer, más allá de cuántos diplomas cuelga en la pared. Obviamente que estudiar es esencial, que la formación continua es parte de la profesionalización de esta disciplina y su aplicación, pero no es suficiente, no basta la instrucción, se requiere la apropiación de las competencias claves para acompañar asertiva, respetuosa y efectivamente a otro.

Por eso, si eres coach revisa qué tan competente eres, más allá del ego que nubla la visión, y levanta oportunidades para ser más consciente, más capaz, y mejor en tu trabajo de acompañar a otros, y busca ayuda, comienza a aprender de otros que tienen cosas que te pueden ayudar, e integra todo lo bueno a tu quehacer. Si eres cliente de coaching, pide que te cuenten sobre sus estudios y especialidades, pero sobre todo sobre su experiencia haciendo coaching, no en otras cosas, sino que en aquello que buscas recibir, un acompañamiento efectivo, transformador y que te ayude a quedar precisamente en el lugar que realmente quieres estar.

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