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¿En terapia con un coach?

El pasado 15 de noviembre de este año leí un reportaje publicado por El Mercurio que titulaba “En terapia con un coach”, donde se mostraban algunos casos de coaches ontológicos formados por Newfield Network y Newfield Consulting en esta metodología de acompañamiento. Como especialista en coaching, autor de publicaciones, coach y profesor en esta metodología desde hace varios años, claramente el título llamó mi atención, lo suficiente como para leerlo y revisarlo en detalle.

Lo primero que traté de dilucidar era si se trataba de una publicidad pagada o un artículo del medio, y para mi sorpresa era lo segundo, aunque con todo el aspecto de lo primero. Mientras más leía, más me preocupaba lo que estaba viendo. No solo la confusión, sino que la falta ética, de perspectivo y conocimiento, no solo sobre coaching, sino que también sobre terapia y el daño que esta nota genera a ambas disciplinas y a profesionales que se dedican seriamente a ambos enfoques (con todas sus variantes y miradas).

A raíz de lo anterior, me pareció necesario escribir esta columna de opinión y plantear algunos puntos fundamentales. En primer lugar que coaching no es terapia y viceversa. De hecho, eso es un principio básico de distinción metodológica que todo coach debiera saber y aclarar con sus clientes, ya que podrían estar abordando temáticas y procesos internos que no solo no conocen por la formación, sino que no cuentan con las competencias para poder gestionarlas si las cosas toman otro rumbo o se generan ciertos estados en el cliente.

Me llamó la atención que representantes de estas escuelas de coaching antes mencionadas hicieran ver su preocupación que existieran programas que en poco tiempo certifican coaches, no porque no comparta que hay en la actualidad una explosión de programas de coaching donde muchos de ellos no cumplen con criterios y estándares mínimos para formar y mucho menos para acreditar en esta disciplina, sino que porque defienden la formación de coaches para hacer terapia, y me pregunto ¿un terapeuta se forma en 9 o 10 meses?, como psicólogo conozco muchos terapeutas que han dedicado su vida al estudio, la investigación y el trabajo aplicado de la terapia desde diferentes corrientes de pensamiento, y me parece irresponsable siquiera atisbar la posibilidad de que un terapeuta pueda hacer lo que se describe en el artículo con responsabilidad, ética e incluso legalidad, luego de tan escueta y sesgada formación.

Por otro lado, me llama la atención que luego de programas de varios meses salgan tantos coaches cada año que no logran diferenciar conceptos básicos, ni mucho menos realizar sesiones de coaching con las competencias básicas que exigen las mismas entidades certificadoras que acreditan estos programas.

El coaching y las diferentes miradas que hoy existen dentro de esta disciplina ha sido un aporte enorme en muchos ámbitos, que ha logrado tomar y sistematizar miradas y herramientas de diferentes perspectivas para construir una metodología ampliamente efectiva para lograr resultados y potenciar el desempeño, pero claramente coaching no es terapia ni debe ser confundida, ni por los coaches ni por los terapeutas, donde muchas veces se realizan trabajos conjuntos y complementarios, pero cada uno aporte una experiencia y abordaje diferente hacia el ser humano.

Esto claramente no quita que una sesión de coaching pueda tener un resultado “terapéutico”, ¿es que acaso salir a hacer deporte, juntarse con amigos, una buena conversación con la persona indicada no es mucha veces terapéutica? Claro que sí, pero eso no significa que sea terapia.

Artículos como estos, muestra la carencia ética de una disciplina que se encuentra en construcción permanente y aún no se asienta del todo, así como la enorme confusión que tiene la sociedad en general sobre qué es coaching, para qué sirve, en qué se diferencia de otras disciplinas, y qué cosas uno debiera abordar en coaching y cuáles no.

Creo fielmente en el trabajo que realizan los buenos terapeutas, que con su entrega, estudios de años, trabajo continuo, logran cambiar vidas de manera maravillosa. También defiendo el trabajo de los coaches, que sin importar su mirada, si es ontológica, integrativo o sistémica, dan lo mejor de sí para ser buenos facilitadores que sin guía, sin complejo de gurúes, sin inducir ni apropiarse de lo que no le es propio, sino que siendo grandes promotores de la transformación autónoma y profunda de las personas.

En la medida que seamos capaces de ampliar las miradas, identificar las diferencias, aclarar la utilidad que cada cosa tiene, podremos avanzar a una mirada respetuosa, ética y sostenible, tanto para el mundo de las terapias como para el del coaching, que hasta ahora ha querido ser tergiversada y monopolizada por intereses más corporativos que del bien común, e incluso más ligados a precios que a valores propiamente tal. Ese compromiso es de todos quienes participamos en esta disciplina y ojalá que nadie se sienta por sobre aquel llamado permanente.

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